En general, los budistas se describen a sí mismos como gente feliz. Sin embargo, hacerse budista no cambia mágicamente el mundo que nos rodea a fin de que se ajuste a nuestras necesidades. Entonces, ¿qué es lo que cambia?

Para ser budistas, no necesitamos vestirnos con ropa especial o cambiar nuestros hábitos alimentarios, ni tampoco abandonar nuestras posesiones materiales o nuestra vida social. Es tan simple como cambiar nuestra percepción; es decir, no tomar los obstáculos que aparecen en nuestro camino tan en serio y ver todo lo que nos rodea como interesante y lleno de potencial. Esto es algo fácil de decir, pero no siempre fácil de hacer.

Al entender las enseñanzas y usar herramientas como la meditación, como budistas, gradualmente cambiamos nuestra visión de lo que sea que suceda en la vida. No se trata de que nos pongamos anteojos rosados, sino, más bien, de que eliminemos los velos que nos impiden ver cómo son las cosas realmente.

Las enseñanzas del Buda son un gran tesoro de consejos útiles, y cada tradición enfatiza diferentes aspectos del budismo. Cuando se trata de vivir las enseñanzas, los monjes, las monjas y los practicantes laicos tienen estilos de vida diferentes. ¿Qué podemos decir aquí acerca de los budistas del Camino del Diamante?

Los budistas del Camino del Diamante somos gente laica, a menudo con familias y trabajos comunes, que incorporamos métodos budistas a la vida cotidiana.

 

¿Qué nos hace budistas?

Para volvernos budistas, tenemos que sentirnos responsables por nuestra propia vida y tener confianza en que la ley de causa y efecto —karma— funciona realmente. Por medio de nuestros pensamientos y juicios, creamos hábitos y actitudes que, o bien nos limitan, o bien nos hacen libres. A través de la experiencia, vemos que hoy estamos creando las causas de nuestra situación de mañana.

Si queremos asumir esta responsabilidad y decidimos usar esta oportunidad para alcanzar el estado de buda, ¿qué necesitamos?

Necesitamos valores en los que podamos confiar. La mente es lo único que no cambia: no nació ni puede morir, y está siempre y en todos lados, como el espacio. La iluminación o budeidad es el estado de completo desarrollo de la mente y la meta del Budismo. Como budistas, establecemos una conexión con este estado —nos abrimos a él— y a esto lo llamamos “tomar refugio”. También tomamos refugio en las enseñanzas (dharma) que nos llevan a la meta, en nuestros amigos en el camino (sangha) y en nuestro maestro (lama).

Desde el estado de gozo y logro completo que es la iluminación, podemos hacer más para beneficiar a otros. Por eso, los budistas también fortalecemos nuestra determinación de tratar de alcanzar esta meta con el fin de poder compartirla con otros, y usamos toda la fuerza y el discernimiento que obtenemos en el camino para beneficio de los demás. Esta noble aspiración se conoce como “promesa del Bodhisattva”.

 

¿Cómo nos iluminamos?

Al practicar la meditación, nos acostumbramos a estar en un estado con menos emociones perturbadoras, con más gozo y claridad. Luego, tratamos de llevar esa perspectiva experimentada durante la meditación a la vida diaria. Si surge una situación difícil, ¿podemos verla desde una perspectiva más amplia y con menos dramatismo?, ¿podemos ver el potencial incluso en esa persona que hoy provoca y dispara emociones en nosotros?

“Es realmente importante comenzar el día recordando la compasión. No tiene que tomarnos mucho tiempo, pero, tan solo por un momento, podemos ser conscientes de cuántos seres hay y desear sinceramente que todos se liberen del sufrimiento. Hace una gran diferencia desear que todo lo que hagamos los beneficie de alguna manera.” Hannah Nydahl, entrevista para la revista Buddhism Today

 

Nuestra práctica de meditación es como un laboratorio: trabajamos con nosotros mismos en un ambiente cerrado y, luego, observamos nuestra visión y nuestras reacciones en la vida cotidiana —durante un embotellamiento, en las negociaciones en el trabajo o cuando intentamos hacer lo mejor posible con nuestra pareja, compañeros de trabajo o nuestros hijos—. La prueba del desarrollo espiritual es ser cada vez más capaces de manejar las situaciones de la vida real con afabilidad, habilidad y humor.

Si esto suena razonable y parece algo que podemos utilizar, es natural, entonces, preguntarnos por dónde empezar.

 

¿Por dónde empezar?

En Occidente, la manera más fácil de hacerlo es encontrar un centro budista cerca donde podamos obtener una introducción al Budismo y aprender a meditar. Por lo general, hay libros, revistas y charlas grabadas donde obtener información. Si nos gustan la gente y las meditaciones en el centro budista, entonces tendrá sentido asistir a una charla de un maestro budista como el lama Ole Nydahl o Karmapa cuando enseñen en nuestra ciudad o país.

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