La meta del budismo es un estado de felicidad duradera e incondicional conocido como “iluminación”.

Para llevarnos a este estado, el budismo apunta a valores duraderos en este mundo impermanente y nos da información valiosa acerca de cómo son las cosas en realidad. A través de la comprensión de la ley de causa y efecto, y por medio de herramientas prácticas como la meditación para obtener entendimiento y desarrollar compasión y sabiduría, todos podemos acceder a nuestro potencial para alcanzar la meta última de la iluminación.

“Desde una perspectiva budista, la felicidad y el gozo no dependen de condiciones externas, las cuales cambian constantemente, sino del experimentador de todos los fenómenos, que es la mente en sí misma”. Lama Ole Nydahl, El buda y el amor

 

Valores intemporales en un mundo impermanente
Si realmente prestamos atención, podemos ver que todo en el mundo exterior está cambiando. Rápido como la llama de una vela o lentamente como una montaña, incluso las cosas más “sólidas” cambian. No tienen una esencia de verdad permanente.

Nuestro mundo interno de pensamientos y sentimientos está en el mismo estado de cambio constante. Cuanto más nos percatamos de cómo todo es impermanente y depende de muchas condiciones, más sana es la perspectiva que podemos aplicar a nuestra vida, nuestras relaciones, posesiones y valores, y más podemos enfocarnos en lo que realmente importa.

Si todo va y viene, ¿hay algo que permanezca? De acuerdo con el budismo, lo único que está siempre presente es la conciencia en la que aparecen todas estas experiencias y fenómenos. Esta conciencia no solo es intemporal, sino también inherentemente gozosa.

Reconocer esta conciencia intemporal aquí y ahora significa iluminarnos, y esa es la meta última del budismo.

 

Karma: lo que va, vuelve
Por medio de la comprensión de causa y efecto (karma), el budismo nos inspira a asumir la responsabilidad de nuestra propia vida sin moralizar. La ley de karma, igual que la gravedad, funciona todo el tiempo y en todos lados.

El Buda explicó en gran detalle cómo damos forma a nuestro futuro a través de nuestros pensamientos, palabras y acciones. Lo que hacemos ahora acumula buenas o malas impresiones en nuestra mente. Saber esto nos da gran libertad y nos devuelve el control de nuestra vida. El karma no es destino. Podemos elegir no llevar a cabo acciones dañinas y, por consiguiente, evitar crear las causas de un sufrimiento futuro. Del mismo modo, para cosechar semillas que nos traigan buenos resultados, llevamos a cabo acciones positivas.

Por medio de la meditación budista, también podemos eliminar las impresiones negativas que acumulamos en nuestra mente a raíz de acciones anteriores. Una vez que vemos cuánto sufrimiento proviene del simple hecho de no entender causa y efecto, naturalmente desarrollamos compasión por los demás.

 

Compasión y sabiduría
En el budismo, la compasión y la sabiduría van de la mano. Al practicar la meditación con regularidad, tenemos más espacio en nuestra mente, así como más distancia de los pensamientos y los sentimientos difíciles. Esto nos permite ver que todos tienen los mismos problemas básicos que nosotros, y así fortalecemos nuestro deseo compasivo de tratar de hacer algo que ayude a los demás.

Cuando actuamos desde la compasión, enfocándonos en los demás en lugar de hacerlo en nosotros, obtenemos una mejor respuesta del mundo. Las emociones perturbadoras que todos tenemos, como la ira, el orgullo, el apego y los celos, pierden su fuerza sobre nosotros. Donde hay espacio que ya no llenamos instantáneamente con nuestras propias preocupaciones, la sabiduría tiene la oportunidad de aparecer de forma espontánea.

Así, sabiduría y compasión crecen y se apoyan una en la otra en el camino.

 

La iluminación
El Buda fue especial porque fue la primera persona, en la historia registrada, en alcanzar la completa iluminación. Pero no hay una diferencia esencial entre el Buda y nosotros: todos tenemos una mente, y todos podemos alcanzar la liberación y la iluminación si trabajamos con ella.

Nuestro cuerpo, pensamientos y sentimientos están en constante cambio. El budismo los considera “vacíos” —vacíos de cualquier esencia duradera—, lo que significa que no pueden ser la base para un ego o yo separado y real. El estado de liberación no llega cuando entendemos esto intelectualmente, sino cuando lo experimentamos de una manera profunda y duradera. Sin un ego sólido, dejamos de tomar las cosas de forma personal y obtenemos un espacio enorme para el desarrollo gozoso, sin la necesidad de reaccionar a cada emoción negativa que surge.

La iluminación es la meta última en el budismo. Todas las cualidades positivas, sobre todo el gozo, la ausencia de miedo y la compasión, están ahora completamente perfeccionadas. Aquí, nuestra conciencia lo abarca todo y no está limitada de ninguna manera. Sin confusión ni perturbaciones en nuestra mente, beneficiamos a otros de forma espontánea y sin esfuerzo.

Si estás interesado en saber más sobre budismo, podés visitar el centro budista más cercano o continuar leyendo qué significa ser budista.

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